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Acerca |
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del Orfebre
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Habiendo sido inmolado hasta
reducírsele a cenizas, se transfigura el espíritu de Quetzalcóatl en brillante
estrella de la aurora, desde donde ejerce un invisible imperio sobre esa
parcela ambigua de la noche en que los sueños engendran la vigilia, para
infundir en su linaje visiones de esplendor antiguo y promesas de un nuevo
amanecer.
Y es que el oficio de los
iztacteocuitlapitzqui no es del eco o el del retrato, ni el espejo del
espejo o el de la copia sino el de sustraer de la antesala misma de los
sueños, morada donde el corazón de los predestinados dialoga con los Dioses,
tesoros del mundo trascendente, y obligar a brotar con las manos, mediante
la tortura sacrificial de la plata, a fuego y cincel, la flor y el canto
verdadero de las cosas.
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